domingo, 3 de marzo de 2013

Under the moonlight as we stared at the sea.

Hubo una vez una chica que no le mostraba a nadie cómo se sentía en realidad. Esa chica era un pozo de lágrimas cuando estaba sola, pero al salir a la calle se prometía que iba a estar bien, sonreía sin quererlo hacer, sonreía de mentira y salía. Sus amigos la veían siempre feliz, pero ella no lo era. En realidad nunca supo por qué estaba así de mal, pero no podía evitar llorar cada noche. Un buen día conoció a su príncipe azul por casualidad. Él se fijó en ella nada más verla por la calle, pero ella no le vió hasta dos horas después cuando 'casualmente' coincidieron en una fiesta. Ese chico era igual, se sentía mal y no sabía por qué motivo, lo estaba pasando mal, pero seguía sonriendo en público. Aquella fue la noche más feliz de sus vidas. Bailaron juntos toda la noche. Desde aquel día hablaban casi a diario, se empezaron a contar todo y poco a poco la sonrisa de los dos se fue convirtiendo en una sonrisa completamente sincera. Pasaron unos meses y empezaron a salir y la verdad, es que no hay quien los separe. Pasado un tiempo comprendieron, que si antes no conseguian ser felices, era porque no se habían conocido. Porque si el amor conforta, lo demás no importa. Y aquel que no quiere, es alguien analfabeto, alguien a quien le falla el elemento más preciso del mundo.

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