jueves, 13 de junio de 2013

Todas las noches le sonreía la luna.

A medida que los días se alargan, y que las noches se van acortando, tú y yo nos acercamos más y más. Eso es, para mí, el verano de verdad: Verte, estar cerca de ti cada semana, estar contigo casi a diario. Eso es lo que llevo esperando desde septiembre, cuando empezó el curso. Ya no es diciembre, ya no hay cinco grados bajo cero en la calle. Ya no hay luces de navidad en todas las calles, ni gente vestida con seis capas de ropa. Ya no hay nevadas, por leves que fueran, ni heladas nocturnas, ni niebla a la hora de ir a clase. Ahora todo es más alegre. Me asomo a la ventana cualquier mañana y oigo pájaros cantar, piar. Voy a clase y me da el sol, en la cara o en la espalda, pero ya no hacen falta abrigos, no, puede servir con una camiseta de manga corta. Ahora las tardes me sonríen de manera abrasadora y el sol hace daño, incluso. Dicen que esto que pasa es verano, que es porque nos acercamos más al sol y no sé qué más historias geológicas. Eso dicen, pero yo no me lo creo. Yo sigo pensando, o prefiero pensar, que pasa porque cada día estoy más cerca de ti, de tenerte, de verte. Es como si el mundo nos sonriera ahora, que vamos a estar juntos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario