Él es uno de esos chicos en los que no te fijas la primera vez que lo ves, y tal vez tampoco al mes.
Es de esas personas que poco a poco vas conociendo, que cada día habláis un poco más, y llega un momento en que empezáis a hablar de cosas realmente absurdas, que habláis por hablar porque las cosas relevantes os las habéis contado miles de veces.
Y es entonces cuando te das cuenta. Realmente te da igual si te ha llamado o no la atención el día que lo conociste. No te importa si te fijaste en él o no la primera vez que estuvisteis hablando de cualquier tontería. Pero te das cuenta de que hace un tiempo te levantas de la cama pensando que vas a verlo y se te ilumina la cara, que cada día que no lo ves estás más decaída, notas como poco a poco le has ido dando más importancia a hablar con él que a muchísimas otras cosas. Es ahí cuando empiezas a pensar hasta qué punto se ha vuelto imprescindible para ti. Y te das cuenta de que lo quieres, de que es su cara y no otra la que quieres ver cada mañana nada más despertarte, te das cuenta de que cuando te habla no hay nada a lo que le des más importancia, y no quieres que vuestras conversaciones acaben nunca. Y lo quieres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario