jueves, 28 de febrero de 2013

Hace un tiempo empecé a coserme una sonrisa a la cara. Pero de nada me servían aquellas dolorosas puntadas de felicidad fingida porque al alejarme de ti todo aquello desaparecía. Las marcas, los agujeros sangrientos que la aguja y el hilo delaban sobre mi boca parecían pegarse con fuerza a mis labios para agrietarlos sin delicadeza alguna. Pero la sonrisa desaparecía. Volvía a sumirme en aquella nube gris cargada de lluvia en forma de lágrimas saladas, con un toque del sabor que tiene tu recuerdo. Volvía a encerrarme en mis palabras, en mis escritos, a reflejar mis ganas de recuperarte pero sin decírselo a nadie por miedo a romper a llorar una vez más. Y era entonces, cuando las depresiones volvían más fuertes que la vez anterior. Cuando mis ganas de tenerte volvían a aumentar y mis esperanzas de conseguirlo decrecían brutalmente. Cuando mis labios solo sabían a ti y empezaba a volverme loca con un recuerdo que debería ser mi presente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario