-¿Cuándo fue la última vez que le contaste a alguien que estabas mal?- Me preguntó, con los ojos irritados y las lágrimas a punto de inundarlos.
Yo no sabía que decirle, no quería fallarle una vez, una vez más, ya habíamos sufrido demasiado los dos por causas ajenas a nosotros.
-No me acuerdo- Le respondí, siendo incapaz de mirarle a los ojos. Su mano cayó con suma ligereza sobre mi hombro, y me acarició con dulzura el brazo. La que se deshizo en llanto fui yo, y al hacerlo, él me acogió tiernamente entre sus brazos. Me abrazó y no tenía intención de dejar de hacerlo, ni yo quería que lo hiciera. Le agarré con fuerza por la cintura, no quería que se fuera nunca.
-Lo siento- Conseguí articular, entre sollozos, tras unos minutos, cuando seguía apoyada en su jersey, que ahora presentaba un círculo dibujado por mis lágrimas.
-¿Por qué? - Me miró, acabando así nuestro abrazo, y me agarro de la mano por primera vez en mucho tiempo, mientras me conducía a un banco.
-Por quererte y ser incapaz de decirte nada, por pensar que sería capaz de olvidarte. Por prometerme que no iba a volver a interesarme por ti, por abrazarte ahora, una noche de verano tan normal como las demás, por volver a ti cuando yo acabé esta historia. Lo siento por haber sido incapaz de cumplir la promesa que te hice de no meterme más en tus asuntos. Lo siento.
Unos segundos de silencio tras mis palabras desembocaron en un beso, uno de esos besos que echaba tanto de menos, sus besos.
-Perdóname tú por haberte hecho caso y haberme ido. Te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario