Muchas veces el problema es tener muchos sentimientos concentrados de tal forma que no puedes expresarlos como quieres, o como deberías. Y la mayoría de esas veces acabas llorando, pero dejando que la música siga sonando por encima de tus llantos, para que así nadie se entere. Llorar durante diez minutos, cincuenta, durante varias horas; soltar todo lo que estabas guárdandote en forma de lágrimas transparentes y saladas. En forma de lágrimas tan frágiles como tú misma. Llorar todo el tiempo que te hace falta para desahogarte del todo. Luego, entrar al baño, lavarte la cara y prometerte que vas a seguir adelante, que tal vez haya pocos motivos para sonreír, pero esos pocos los tienes que aprovechar.
Puedes ser esa chica que le da la espalda a los problemas cuando está en compañía, a quien le atrapan esmissplemas todas las tardes. Todas. Sin excepciones.
Esa chica, puedes pensar, es una que lleva una vida mala, sin amigos que le apoyen, que no encuentra apoyo en su familia... Pues no. Esa chica puedes ser tú, perfectamente, puede ser tu mejor amiga, o en este caso, puedo ser yo.
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