lunes, 22 de abril de 2013

Inés Gómez Rubio.

Una tal Inés Gómez entró en mi vida de casualidad, la casualidad más bonita de la historia de la humanidad. A veces no sé que hacer, qué decir para agradecerle tanto, y me limito a recordarle que la quiero muchísimo. Pero creo que eso es bien poco, que se merece mucho más, y yo aún no he encontrado la manera de regalarle el mundo entero. Muchos me dicen que me quieren, que les importo, pero si hay alguien que me lo demuestra día a día, es ella. Sé que nunca me acostumbraría a estar sin Inés, y tengo miedo de que se vaya a América, porque no quiero que nos alejemos tanto. Llevo desde quinto de primaria considerándola mi mejor amiga. No porque sea de un modo u otro, sino porque no hay día que me vaya de clase sin que me saque una sonrisa, porque sus abrazos son los más sinceros, porque si he de llorar, no quiero que sea si no es sobre su hombro, porque si tengo que hablar con alguien no habrá nadie que me entienda como ella. Nos parecemos algo así como nada. Pero nos da igual, ¿lo entendéis? que si yo me pongo a gritar en medio de la calle, mientras todos se mueren de vergüenza, ella grita conmigo. Que si ella vé cómo talan un árbol y llora la muerte del tronco, yo grito 'pobre tronquito' a coro con su voz.
A veces no sé cómo coño agradecerle todos estos años tan espectacularmente buenos. Que ella, es la mejor amiga que habrá jamás sobre este mundo y, ¿sabéis qué es lo mejor? que a ella no le hace falta ir con chorradas como prometerme para siempres, no. Inés me demuestra día a día que está a mi lado, que me quiere, que me apoya, y yo no sé hacer otra cosa que quererla, cada día más que el anterior. De pequeñas, salíamos las dos solas, y nos lo pasábamos bomba en el parque, ahora salimos en grupo y nos lo pasamos igual de bien, es que me siento incapaz de concebir mi vida sin ella, incapaz del todo. Puede que haya vivido millones de experiencias inolvidables, pero sin duda, las mejores las he vivido con mi rubia vikinga, y es que, joder, creo que nunca conseguiré agradecerle todo. Cada una tiene sus gustos, sus prioridades, incluso lo que le gusta a una, la otra no lo aguanta, pero son estas diferencias, las que hacen que nuestra amistad se haga más fuerte, que sea más especial. Son esas diferencias las que, aunque todos crean que nos están separando, hacen que estemos más unidas, más nosotras. Que si no fuera con ella, no habría pasado los mejores momentos de mi vida. Y, Inés, me doy cuenta, cada día más que el anterior, de que tenerte aquí a mi lado es lo mejor, y lo más bonito que me ha pasado nunca, y que si algo bueno tienen las clases de lengua, eres tú, sin duda alguna. Nunca me cansaré de repetirte que te quiero, que eres lo mejorcísimo del mundo. Y que el mundo deje de girar si quiere pero, que si lo hace, me pille riéndome, contigo.

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