lunes, 28 de diciembre de 2015

2015

Ponemos punto final a otro año, al AÑO. El de los cambios, el de la mayoría de edad, de las decisiones, la diversión, el de disfrutar de los de siempre porque sabes que todo va a cambiar aunque no quieras, el año de tus kintos, de las primeras elecciones, del carnet de conducir, la universidad, de más viajes, más gente, de la ilusión y las desilusiones, del agobio, de aprender de tanta gente y conocerte a ti misma mejor, de conocer de verdad a muchas personas, el año del gran verano, de fiesta en fiesta, de madurar (aunque solo un poco), de unirte más que nunca a los que mas te importa. El año que empieza con una noche impresionante de kintos en Mozoncillo, y continúa con la visita de esa amiga que vive algo lejos pero siempre sientes cerca, el año en que los estudios me han hecho sufrir como nunca antes, de las noches de empalmada porque no me daba tiempo físico a acabar de estudiar, del miedo a no llegar a hacer la PAU en junio por las asignaturas que menos me gustaban, de pasarlo realmente mal queriendo aprender fechas, fórmulas, poetas. Pero el año de los éxitos, de celebrar un gran carnaval a pesar de todo, de una semana santa de Raspaos y de estreno en Merinos. La satisfacción de acabar, y de acabar bien, incluso habiendo celebrado los 18 inundada en apuntes de matemáticas, de haber dormido dos horas para hacer un examen bastante pésimo, y no recuperar ese sueño en la semana siguiente, que empieza con el cumpleaños de mi mejor amiga, y examen global de literatura. Y tras esa terrible semana, BAAAM la gran graduación, el día que ponía fin a una etapa de aprendizaje, y no hablo de lo académico únicamente. Una noche que nos supo a poquísimo a todos, después de todo lo sufrido, pero que disfrutamos como canijos, y las agujetas del día siguiente. De ahí a selectividad todo pasó corriendo, ni me di cuenta hasta casi el 17 cuando volvimos al instituto con otra cara pero las mismas ojeras que cuando nos fuimos el 29 después del examen de física. Entonces llega el verano, nuestro verano, el verano que deja altísimo el listón para el próximo, el verano de san juan, Santovenia por partida doble, de Santiago y toda la gente que se ha convertido en personas fundamentales desde ese día. Santander, Suances y Comillas, y no me da tiempo en una semana a contar esos días tal cual fueron, convivir con amigos de los de verdad, Los chocobollos y los cereales de chocolate y su poder curativo en casos de resaca, las amigas que deciden ponerse a fregar los cacharros cuando están pedo y, claro, acaban con un corte en la mano y encima se marean con la sangre, las escaleras mecánicas que en la noche de tranquis no funcionaban y la cuesta que, joder cómo costaba, a las 5 de la mañana. La playa, las quemaduras que, por suerte fueron bien pocas para lo que somos, las confesiones nocturnas de las bolingas garden,  y los snapchats, diurnos y nocturnos, Jarmen y la tabarra que dimos con el audio, las noches de joder la colchoneta es más cómoda que la cama de en medio, de oye las del salón que se os oye. Pero en especial, la compañía, creo que eso cuenta mucho más que todas esas experiencias. Y eso es lo que más me ha enseñado éste año, que no te sirven de mucho las experiencias si son con la gente equivocada. Y allí, en el cantábrico, un día por la mañana salen las admisiones de la universidad, y en general tuvimos suerte, así que otro motivo para seguir celebrando. Pero Santander no es más que el principio, sino que fue llegar a valladolid, garrafa de hornillos en mano, y marchar a las fiestas de Cigales, con todo lo que eso conlleva. Un agosto increíble en Mozoncillo, de fiesta en fiesta como debe ser, conociendo mucha, pero que mucha gente que merece la pena de verdad, pasar semanas en familia, con nuevos amigos, de piscina y prefiestas para, a mediados de mes recibir con los brazos abiertos las mejores fiestas que recuerdo, 4 noches de desfase absoluto, pero, a diferencia de años anteriores, 4 noches de verdad, no 3 gordas y una flojilla, de las que te vuelves a casa antes de que la orquesta empiece con rock. Unas fiestas con mayúsculas, con, otra vez, una compañía inigualable, que espero que siga así muchos muchos años. Y llegó la hora del regreso a Valladolid, a mis grandes amigos, la hora de contarnos el ultimo mes con pelos y señales, de hacer el memo un rato, que lo hacemos muy bien, de San juanin y la espera a las fiestas, con cierto toque amargo al pensar en las despedidas, que serían en mi caso un dí ates de lo necesario. Unas fiestas que despidieron esta etapa como se merece, a pesar de estar mala, a pesar de tener que madrugar para ir a la autoescuela, a pesar de todo eso, unas enormes fiestas que va a ser dificil superar, sin tributo a los 80 como el año anterior, pero con muchos momentos increíbles. Buscando alumnos de Hogwarts porque nos faltaba un Hufflepuff para acabar la colección, buscando futuros arquitectos de pura desesperación al conocer solo 1 persona de la futura clase, los paseos por rosaleda y moreras, las lágrimas que llevaban apareciendo casi semana a semana, y no podían faltar, a la hora de decir adiós a dos de las grandes, de las del día a día desde prácticamente siempre. Y las fiestas acabaron porque nada bueno dura para siempre. Entonces dormí apenas tres horas y directa al coche hasta Perigord, parada obligatoria a mitad de camino, y llegada a Annecy, para luego visitar Ginebra, Montreux, Lausana, Chamonix, ver llover como nunca antes, pasar frío y, sobretodo, aprender, conocer, disfrutar unos días de la familia, después de un verano tan disperso, Una semana para el recuerdo,
Vuelta a casa y un montón de sentimientos acumulados en una noche. Al día siguiente mi vida iba a dar un giro total y en ese momento entré en pánico al pensar que tal vez me había equivocado, y que mis amigas estaban lejos en comparación al año anterior. Pero ese miedo se pasó muy muy rápido, tan rápido que ahora no me veo en otra carrera. Esta primera etapa en la escuela de arquitectura ha sido muy corta, o tal vez no lo haya sido pero lo ha parecido; muy corta pero muy intensa, no es normal el cariño que se le puede coger a tanta gente tan rápido. Gente que hace cuatro meses no conocía de nada, y ahora son parte de mí, porque en algo se tiene que notar lo de pasar tantas y tantas horas juntos, quejándonos y riendo, de fiesta y pasando horas pidiendo fotos porque la militar seccionada no te queda coherente, y nadie dice entender nada, pero entre todos conseguimos sacarlo, poco a poco, pero se consigue. Una elección acertada, incluso cuando te acuerdas de los antepasados del siglo IX de tus profesores cuando son las 2 y sigues dibujando, o te despiertas antes de que tus amigas vuelva de fiesta un jueves, para acabar una entrega que acabas suspendiendo, y te deprimes.
Las novatadas, que por muy asqueroso, y muy mal olor, fue una gran experiencia, los jueves de merinos y viernes de hostia! que había terminología. Las tardes que piensas que dejas la carrera, porque no te sale nada, pero te paras a pensarlo y no sabes qué hacer con tu vida si dejas la arquitectura. Porque eso es lo que me ha pasado a mí, que nunca había sentido vocación por nada, pero porque no había descubierto ésto. Menos de  cuatro meses y ya siento como estoy cambiando gracias a esta carrera. Y sí, digo "gracias a" y no "por culpa de".
Y nuestros sábados de reencuentros tan esperados, los "va, a las 2:30 salimos de la ferro" que se nos van de las manos porque no nos da tiempo a ponernos al día, y aun no lo hemos conseguido.

Un año lleno de retos, en general alcanzados: Acabar 2 de bach sin problemas, entrar en la carrera que quiero, conservar a los amigos a pesar de la distancia, aprobar el carnet a la primera, ser feliz.

Un año que me ha enseñado mucho, que me ha acercado más a muchas cosas que antes no me llamaban especialmente la atención, un año de superación, de ganar fluidez en idiomas, entender de otra forma el arte puro, al arte moderno, de mirar las mismas cosas con otros ojos (unos ojos más miopes, básicamente), al arte porque sí, de confiar en muchos pero especialmente, confiar en mí. He aprendido a querer y a quererme. Un año de nuevas costumbres, de adaptación a muchos cambios muy muy fuertes.

En lo personal, un año con baches, unos más grandes que otros, pero el balance siempre positivo. De buscar la soledad como lugar de reflexión, como escondite de todo y de todos,incluso de mí, de refugiarme en el grafito, dibujar de todo, para todos, pero más que nada por y para mí, dibujar por gusto, por placer, de seguir encontrando en la música palabras que me hacen falta y no encuentro en las personas, de buscar buenos ratos y risas y saber que no hay mucho que buscar, que van a seguir donde siempre han estado, con los de siempre. Un año que me ha enseñado que la confianza no se busca, se gana con tiempo, demostrando y dejando que te demuestren, sin cerrarte a nada ni nadie, Un año de cambios, como ya he dicho muuuuchas veces, pero en el que lo fundamental se queda, y tiene pinta de que se quedará mucho más. Que siempre falta algo pero sabes que llegará a ti de otra forma.
El balance una vez más es muy positivo, como siempre, estoy más que agradecida por la gente que llegó (unos en el 2000, otros en el 2009, otros este mismo año) y han hecho todo por quedarse, y lo  han conseguido, y por mí que siga así muchos años más. Por favor,

No hay comentarios:

Publicar un comentario